DOMINGO 10 DE MARZO DE 2013

Estamos en la aurora de mi segunda venida y son pocos los seres humanos que la notan. Hay muchos hijos míos que se han dado cuenta y observan con preocupación los eventos que están ocurriendo. Pero en mi Iglesia no son muchos los que se han dado cuenta y los pocos que lo notan o prefieren ignorarlo o le restan importancia a los eventos. Temen que el pánico se apodere de los feligreses si se habla de ello. 


Con esta actitud no ayudan a la preparación de mi pueblo amado, ni permiten que sus hermanos tengan la posibilidad de convertirse a tiempo. Ya lo dije por medio del profeta Ezequiel que les pediré cuentas si el impío permanece en su impiedad por no habérsele predicado. 


Están más preocupados por los problemas dentro de la Iglesia que por los problemas fuera de ella. Están paralizados y no llevan a cabo la tarea de evangelización que deberían estar realizando. El ataque que vienen realizando los no creyentes a la Iglesia ha conseguido qué la tarea de evangelización esté prácticamente paralizada. A estos ataques hay que responderles más bien con una renovada evangelización que llegue a los lugares más recónditos de la tierra. Por eso le pido a mis almas escogidas que se acerquen a sus pastores y les urjan que se lleve a cabo esta tarea de evangelización. 


Es muy importante que oren por ellos, que se acerquen a ellos y les animen a defenderse llevando a cabo la más audaz y profunda tarea de evangelización que se haya realizado en todos los tiempos. 


Es necesario que toda la Iglesia se una para llevar a cabo esta gran tarea. Todas las órdenes religiosas, congregaciones y movimientos laicos de apostolado se deben unir en llevar a cabo esta nueva evangelización de todos los tiempos. Más aún, deben buscar incorporar a todas las denominaciones cristianas invitándolas a participar en esta gran tarea universal. Deben valerse de todos los medios posibles (escritos, orales, musicales) y de todos los medios de comunicación posibles, sin excepción alguna. 


Esta gran tarea de evangelización debe llevarse a cabo en todas las naciones y en todos los pueblos. Ella precederá mi segunda venida y se va a realizar como la gran obra de misericordia para la humanidad de este tiempo. Esta gran obra va a producir que los no creyentes sean los que se paralicen y contemplen con estupor cómo se abren las puertas de mi misericordia a toda la humanidad. 



En esta gran tarea de evangelización universal se les debe hablar con claridad a todos que ella forma parte de la preparación de la humanidad para mi segunda venida. En ella se debe mencionar mi mensaje de Misericordia Divina que he revelado en este mensaje, el cual quiero que sea leído enteramente por todos los que tengan la responsabilidad de llevar a cabo esta gran misión de salvación universal . 


¡Hijos míos! Esta es la última oportunidad que tendrán los seres humanos para salir del camino que los lleva a la condenación eterna y entrar en el camino de la salvación. Una vez que se realice mi segunda venida ya no habrá más oportunidad de evangelizar. Se realizará el Juicio Universal y cada uno recibirá de acuerdo al camino en que se encuentre. 


Los que estén en el camino de la condenación eterna recibirán precisamente lo que han puesto como objetivo en sus corazones: la condenación eterna. Y los que estén en el camino de la salvación, recibirán lo que este camino les ha ofrecido: la salvación eterna. 


Los líderes de la Iglesia y mis almas escogidas tienen una gran responsabilidad de llevar a cabo esta gran tarea de evangelización universal. Si los que están en el camino de condenación permanecen en el porque no se les predica y no se les invita a cambiarse al camino de salvación, pediré cuenta a los líderes y pastores de mi Iglesia, y a mis almas escogidas, por no haberlos invitado a cambiar de camino. 


¡Hijos míos! Que no tenga que pedirles cuentas por la condenación de sus hermanos. Que más bien tenga que recibirlos con una gran alegría y darles el premio que les tengo reservado por haber llevado a cabo la tarea de la gran evangelización de sus hermanos. Abran sus corazones y respondan con amor a este pedido que les hago. 


No estén paralizados. Muevan sus mentes y corazones. Reflexionen profundamente en el mensaje que les he dado. No dejen que utilice mi mano izquierda y producir eventos dolorosos que hagan que se muevan. Está en juego la salvación de una inmensa multitud de seres humanos que se encuentran ahora en el camino de la condenación. De ustedes depende la salvación de ellos. Yo tengo abiertas las puertas de mi corazón misericordioso para que entren y se salven. Pero ustedes tienen que invitarlos a que lo hagan a través de esta gran misión de salvación universal que les pido realicen.