VIERNES 12 DE ABRIL DE 2013

Cuántas veces he deseado que mi Divina Misericordia llegue a las almas que se encuentran en el camino de la condenación. Todas estas almas, sin excepción alguna, las tuve presente en mi sacrificio en el calvario. Por ellas ofrecí en especial mi muerte en la cruz. Me ofrecí a mi Padre por la salvación de todas ellas y le imploré que tuviesen la gracia de recibir mi Divina Misericordia antes de que murieran. 


Y así ha sido siglo tras siglo. Todas las almas que estuvieron en el camino de la condenación recibieron mi Divina Misericordia antes de morir. Muchos abrieron sus mentes y corazones y la recibieron con alegría optando por la salvación. Otras la rechazaron y se condenaron. Pero en ningún otro tiempo como en este han estado tantos millones de almas en el camino de la condenación, y lo más grave es que la mayoría de ellas no se han dado cuenta de ello.


Consideran que todo lo que hacen está bien para ellos. No ven la maldad de sus obras porque no ven el mal en ellas. El sufrimiento y la muerte de sus hermanos es considerado un hecho natural y hasta necesario si con ello logran los objetivos que persiguen. 


El único amor que conocen es el amor así mismos. El robar lo consideran una viveza de parte de ellos. El matrimonio no lo consideran necesario sino que se unen a otra persona por conveniencia y se separan cuando ya no es conveniente. El homosexualismo lo consideran natural y con derechos. La mujer y el hombre del prójimo son también de ellos cuando les provoca. A los padres poco o nada se les honran y sólo tienen valor para ellos si pueden sacarles provecho. Los bienes ajenos ya no se codician sino que se roban o se expropian. 


No hay moral que guíe sus vidas. Todo es válido y lícito si trae disfrute y provecho personal. El pecado para ellos no existe porque todo se puede hacer y nada es prohibido. Millones de almas viven así y viven día tras día sin darse cuenta que el camino de la vida que llevan no tiene sino un solo destino: la condenación eterna. 


Por esto es de suma urgencia que estas almas reciban lo más pronto posible mi Divina Misericordia. Siempre tuve almas escogidas que fueron mi instrumento para que mi Divina Misericordia alcanzase a las almas que estaban en el camino de la condenación. 


En este tiempo en que son billones las almas que se encuentran en este camino urge que mis almas escogidas respondan a mi llamado para llevar a cabo el apostolado de mi Divina Misericordia. 


A grandes males grandes remedios dice el dicho popular y el apostolado de mi Divina Misericordia es el gran remedio para hacer reflexionar a las almas que se encuentran en el camino de la condenación y lograr que se salven. 


El principal medio para realizar este apostolado es el mismo de siempre: la oración y el sacrificio. Es mediante la oración y el sacrificio que se prepara el camino para realizar todas las demás tareas.