VIERNES 21 DE JUNIO DE 2013

Son tantas las veces en que en múltiples formas le he llamado la atención a mis almas escogidas para que tomen conciencia del apostolado a que las he llamado a realizar. 


No es un apostolado más, es el APOSTOLADO de los últimos tiempos mediante el cual están llamadas a salvarse millones de almas que se encuentran en el camino de la condenación. Estas almas no tienen otra forma de salvarse sino a través del apostolado de mi Divina Misericordia. 


La gloria a la que están llamadas las almas que se consagran en orar, sacrificarse, y trabajar para qué mi Divina Misericordia llegue a las mentes y corazones de las almas más necesitadas no puede alcanzarse de ninguna otra forma sino mediante este medio de conversión y salvación. 


Mis almas escogidas para llevar a cabo este apostolado gozarán de la bienaventuranza eterna en forma privilegiada. Serán reconocidas por toda la corte celestial como los Apóstoles de mi Divina Misericordia y junto con todas las almas que fueron salvadas por medio de este apostolado darán gloria a mi padre eternamente. 


La alegría que se da en el cielo cuando una alma que se encontraba en el camino de condenación se convierte y se salva por medio de este apostolado no puede ser expresada en palabras humanas. 


Cuando narré la parábola del Hijo Pródigo lo hice pensando precisamente en la conversión y salvación de las almas más necesitadas de mi infinita Misericordia. Por eso le pido a mis almas escogidas que lean y mediten en esta parábola con mucha frecuencia hasta saborearla íntimamente. 


El hijo pródigo se encontraba en el camino de la condenación y se convierte y decide recorrer el camino de la salvación debido a que mi Divina Misericordia lo alcanza y penetra en su mente y corazón haciéndolo reflexionar y decidirse por cambiar de vida y optar por ir a la casa del Padre. 


El hijo pródigo es el representante de todas las almas que se encuentran en el camino de la condenación y muestra claramente el poder que tiene mi Divina Misericordia.  Los millones de hijos pródigos que están presente en la humanidad tienen como única posibilidad de conversión y salvación el que los alcance mi Divina Misericordia. 


Por eso he pedido que se publique y se distribuya en todos los pueblos del mundo la Parábola del Hijo Pródigo, tarea que están llamadas a realizar mis almas escogidas para este gran apostolado de salvación de los últimos tiempos. 


No escatiméis esfuerzos en llevar a cabo esta tarea. Mediante ella mi Divina Misericordia penetrará la mente y corazones de millones de personas como lo hizo con el hijo pródigo.