LUNES 22 DE JULIO DE 2013

No hay nada que mueva más mi Corazón a la Misericordia que contemplar la tragedia en la que se encuentra sumido el hombre moderno. Cree que ha alcanzado logros inimaginables y se deleita en ello.


Acaricia en su mente realizar obras jamás realizadas por ser humano alguno y que pronto tendrá en sus manos las llaves para abrir un paraíso donde no tenga lugar la muerte ni las enfermedades y pueda programar para sí una vida como bien le plazca. 


Lo planifica todo sin tomarme en cuenta. Más aún, me considera un estorbo para sus planes y considera que su liberación plena sólo es posible cuando se libere de toda atadura religiosa.


Pobre ser humano, que creyendo alcanzar su máxima liberación se encamina a la esclavitud más perversa que jamás haya conocido la humanidad. Por eso mi Corazón arde de amor y Misericordia por todas las criaturas humanas que se encuentran en el camino de la condenación. 


Por eso mi Divina Misericordia brota a torrentes y se derrama sobre todos los seres humanos y llama a sus mentes y corazones a la conversión. 


Este es el tiempo de la salvación. Esta es la hora más crítica de la humanidad en la qué se decide la salvación o la condenación de millones de seres humanos. 


La humanidad goza de un tiempo especial en el que millones de seres humanos se benefician de mi Divina Misericordia. Benditas mis almas escogidas que llevan mi Divina Misericordia por todos los rincones de la tierra. 


La hora apremia y urge que mis apóstoles de la Divina Misericordia intensifiquen sus oraciones y sacrificios y las obras de apostolado que realizan. Pronto, muy pronto, llegará la hora del Juicio y cada ser humano recibirá lo que ha escogido para el.