DOMINGO 3 DE MARZO DE 2013

Cuánto he deseado que todas mis criaturas se den cuenta del tiempo que están viviendo. Son pocos los que captan que algo muy grande está por ocurrir, como nunca antes la humanidad había experimentado. La mayoría vive ignorando los signos de los tiempos y viven como si todo fuese igual que siempre. 


Un día y otro pasan en la misma forma como se han acostumbrado a vivir. Las preocupaciones son las mismas. No alcanzan a atisbar que van a ser testigos de los tiempos más inéditos que haya vivido criatura alguna. Ocurre igual que cuando ocurrió el diluvio universal. Sólo unos pocos fueron capaces de prepararse para ello. Ocurre igual que cuando ocurrió mi nacimiento en Belén. Sólo unos pocos se dieron cuenta de ello. La gran mayoría de los seres humanos no fueron capaces de entender los signos de los tiempos que le fueron manifestados. 


Ahora ocurre lo mismo. La gran mayoría no se da cuenta de los signos que se les ha dado. Por ello quiero que este mensaje sea dado a conocer a todos mis hijos. Muchos lo ignoraran y no le harán caso, pero serán muchos los que lo entenderán y se prepararán para estos grandes acontecimientos. 


Quiero que todos mis hijos se preparen y en especial mis almas escogidas. Ellas serán las que atenderán a mi rebaño y lo prepararán con esmero, de forma que cuando se inicien los eventos mi rebaño no sea tomado de sorpresa y se dispersen mis ovejas. No quiero que el pánico se apodere de ellas, sino que más bien estén muy unidas y permanezcan todas en el rebaño.


El tiempo de preparación para mi segunda venida está por terminar. Con este mensaje se cierra el ciclo de preparación. Con el quiero que todas mis almas escogidas se preparen y preparen a sus hermanos. Quiero que mi mensaje se de a conocer a toda mi Iglesia, que no haya ninguna persona que acuda a la Iglesia que se quede sin conocerlo. 


Quiero que todos mis sacerdotes y mi pueblo escogido lo medite y reflexione en él. Quiero que se dé a conocer en todos los movimientos de apostolado y en todas las organizaciones religiosas. Quiero que toda persona activa en la Iglesia lo conozca y reflexione profundamente en él. Y quiero que todos los que lo conozcan se lo den a conocer a su vez a todas las personas que conozcan. 


Quiero que se dé a conocer por todos los medios posibles a todos los seres humanos. Por medio de el mi Misericordia Divina quiere manifestarse a toda la humanidad. Quiero que sepan que mi corazón misericordioso está abierto para recibir a toda persona que quiera acogerse a él. 


Sólo dos palabras bastarán para que entren en el: JESÚS RECÍBEME! Todos los que pronuncien estas dos palabras en sus corazones serán recibidos en mi corazón misericordioso. No pongo condición ninguna para ser recibidos en mi corazón misericordioso excepto que pronuncien estas dos palabras en sus corazones. No importa el estado espiritual o físico en el que se encuentren. No pido que se cumpla ninguna otra condición, sino que tan sólo se pronuncien estas dos palabras en el corazón: JESÚS RECÍBEME! Sí, ocurrirá lo mismo que con el buen ladrón en la cruz. A todo el que pronuncie estas dos palabras en su corazón lo recibiré en mi corazón misericordioso como recibí al buen ladrón.


Esta vez no quiero que ocurra lo que ocurrió durante el diluvio universal en el que unos pocos se salvaron y la gran mayoría pereció. Esta vez quiero que todos se salven!


Mi corazón está abierto para recibirlos a todos. Todo el que me diga: JESÚS RECÍBEME! entrará en mi corazón y lo cubriré con mi Divina Misericordia. Pero ay de aquellos que se nieguen a hacerlo y permanezcan en su obstinación. Mi juicio descenderá sobre ellos como un rayo y se condenarán implacablemente para toda la eternidad. Los que quieran entrar en mi corazón lo lograrán por mi infinita misericordia pero los obstinados que se nieguen a hacerlo recibirán en justicia el castigo eterno que ellos mismos se han buscado.


Habrá misericordia para todos aquellos que se quieran acoger a ella aún en el momento mismo de mi segunda venida. Y habrá justicia para todos los que rechacen mi Divina Misericordia y se nieguen a acogerse a ella. Por ello quiero que mis almas escogidas se preparen para recibirla y preparen a sus hermanos para que de corazón me pidan que los reciba acogiéndose a mí de Divina Misericordia.


El tiempo apremia, y reclama de mis almas escogidas que pongan toda su atención a los signos de los tiempos y se preparen con todo esmero. No quiero que abandonen sus obligaciones y responsabilidades diarias. Todo lo contrario, quiero que coloquen como la mayor y primera responsabilidad el prepararse para mi segunda venida y preparar a sus hermanos. Y a la vez que se preparan deben cumplir con sus obligaciones y deberes de estado. Deben abandonar toda tarea que sea superflua y dedicarse con gran esmero a prepararse. 


Éste es el tiempo final de preparación. Cuando los acontecimientos se les vengan encima ya  será tarde para prepararse. Ahora es el tiempo para que lo hagan y no más tarde. Está en juego la más grande y lo más importante que tiene todo ser humano ante si:. Su salvación o su condenación eterna. 


Este es el tiempo más precioso y valioso para prepararse y preparar a sus hermanos. Este es el tiempo para que cada persona se ame a si misma y se prepare para alcanzar la salvación eterna, y es el tiempo más precioso y valioso para que ame a sus hermanos y los prepare para su salvación eterna. No hay ninguna otra tarea que tenga mayor prioridad que esta. No permitan que los quehaceres diarios les abstraigan y les impidan el enfocarse en la tarea primaria de salvarse y salvar a sus hermanos.