LUNES 1 DE JULIO DE 2013
De unas pocas almas que he escogido para llevar a cabo el apostolado de mi Divina Misericordia depende la salvación de millones de almas que se encuentran en el camino de la condenación.
El poder de estas almas está en que he querido que de sus oraciones, sacrificios y obras dependa la salvación de muchas almas. Ellas con sus oraciones, sacrificios y obras hacen que mi Divina Misericordia llegue a las mentes y corazones de las almas más necesitadas y las muevan a la conversión.
No hay otro medio por el cual estas almas puedan salvarse ya que si dependiese de ellas se condenarían irremediablemente. De no recibir mi Divina Misericordia y las gracias que obro en ellas, permanecerían en su actitud de mantenerse en el camino de la condenación, por el cual habían optado.
Nunca antes en la humanidad hubo tantas almas recorriendo el camino de la condenación y nunca antes se había derramado mi Divina Misericordia sobre la humanidad como en este tiempo previo a mi segunda venida, que por cierto ya muy pocos esperan.
Son muchas las almas que no piensan en ello porque ya no lo consideran posible. Lo ven como una fábula que se contó durante un tiempo para meter miedo y lograr que la gente se convirtiera. Pero ya en estos tiempos en que la ciencia ha avanzado tanto y lo explica todo sin la necesidad de la creencia en un Dios, no tiene sentido revivir cuentos y fábulas como lo de mi segunda venida.
Como se lo mencioné a mis apóstoles la humanidad va a ser tomada por sorpresa cuando ello ocurra. Serán muy pocos los que entenderán los signos de los acontecimientos que la anunciarán.
Todos los hechos que ocurrirán se considerarán como eventos de la naturaleza y situaciones entre los seres humanos que siempre han ocurrido a través de la historia pero sólo que ahora ocurren con mayor fuerza debido al mayor número de seres humanos y al poderío mayor que ha alcanzado la humanidad.
Unos pocos hablarán del fin del mundo porque temerán que el mundo desaparezca, pero no lo relacionarán con mi segunda venida. Aún en mi Iglesia muchos serán tomados por sorpresa porque su incredulidad y adaptación a la forma de vivir del mundo les impide entender el sentido y el signo de los acontecimientos.
Sólo aquellos que se mantienen unidos a mí en la oración serán capaces de entender los signos de este tiempo tan especial y se prepararán para el mayor acontecimiento que haya conocido la humanidad después de mi primera venida. Más aún, se alegrarán de la eminencia de mi segunda venida porque ello significa el fin de la locura que se había hecho presente en el mundo con sus obras de mal y dominio del mundo.
Mis almas escogidas para el apostolado de mi Divina Misericordia serán las primeras en reconocer la eminencia de mi manifestación gloriosa. Ellas aumentarán todo lo que les es posible sus oraciones, sacrificios y obras para que mi Divina Misericordia llegue a las almas más necesitadas porque saben que el tiempo que disfruta la humanidad para recibirla está por acabarse y será entonces mi Divina justicia la que se hará presente con todo su poder y esplendor.
Éste es un tiempo privilegiado de la humanidad en la que mi Divina Misericordia toca la puerta de las mentes y los corazones de los seres humanos implorando con infinito amor que le abran las puertas y dejen que entre en sus almas.
Mi amor misericordioso toca con insistencia la puerta de las mentes y los corazones de las almas más necesitadas. Quiere entrar en ellas y salvarlas, quiere que todas se salven y que mi Divina Justicia les de el premio celestial por haber abierto sus puertas a mi Divina Misericordia.
Por eso les pido a mis almas escogidas que no escatimen esfuerzos para que esta gran obra de salvación se lleve a cabo en toda la humanidad. Que oren y pidan con insistencia que mi Divina Misericordia llegue a todas las almas y en especial a las almas más necesitadas, a las que se encuentran en el camino de la condenación.
Mis almas escogidas serán recompensadas con la visión beatífica de los millones y millones de almas que fueron salvadas por mi Divina Misericordia.