JUEVES 21 DE MARZO DE 2013

¡Hijos míos! Mi corazón arde en deseos de llevar mi Divina Misericordia a todos los seres humanos. No quiero que ninguno se quede sin recibirla y por eso quiero valerme de todos los medios posibles para que ello sea posible. 


De manera especial cuento con todos los movimientos de apostolado que tiene la Iglesia. Todos, sin excepción pueden y deben ser y instrumentos útiles para llevar mi Divina Misericordia a todas las naciones y a todos los pueblos. Por ello quiero que en todos los movimientos de apostolado mis almas escogidas se preparen con mucho esmero para llevar esta gran tarea de llevar la salvación a todos los seres humanos de los últimos tiempos. 


Lo primero es recibir lo que hay que dar. Por eso, mis almas escogidas deben recibir primero mi Divina Misericordia meditando profundamente en lo que ello significa, orando para que se les abran sus mentes y corazones para recibirla profusamente, haciendo una buena confesión para purificar sus mentes y corazones, y finalmente realizar obras de caridad con sus semejantes, y en especial con los más necesitados. De esta forma mi Divina Misericordia llegará profusamente a sus mentes y corazones y les guiará para que lleven a cabo el apostolado más trascendental de todos los tiempos. 


En este esfuerzo se deben integrar todos los movimientos de apostolado. Sus líderes se deben reunir y estudiar en forma conjunta como pueden realizar con la mayor eficacia posible esta tarea universal. Cada uno debe aportar lo específico que ha venido distinguiendo cada movimiento y en donde es más eficaz.


El Espíritu Santo les iluminará y les guiará en cómo hacerlo. Y en esta gran tarea deben incorporar a obispos, sacerdotes y religiosos disponibles en mi Iglesia. Mi Papa Francisco se encargará de hacer el llamado y darle las instrucciones y lineamientos de cómo hacerlo. 


Mis almas escogidas que están en los monasterios deben integrarse haciendo grandes jornadas de oraciones y sacrificios pidiendo por todos los que están trabajando en esta gran tarea de evangelización y efusión de mi Divina Misericordia, implorando por todos los seres humanos, para que abran sus mentes y corazones a los evangelizadores y para que reciban profusamente mi Divina Misericordia. 


A los catequistas les pido que organicen jornadas de oración con sus niños pidiendo por el éxito de esta gran jornada de oración. Sus oraciones serán atendidas en forma especial. También quiero que incorporen a todos los enfermos, que todos sepan que cuento con sus oraciones y con los sacrificios que les imponen sus enfermedades. Que pidan por los evangelizadores y por los que recibirán sus mensajes, y pidan para que todos reciban profusamente mi Divina Misericordia. Sus oraciones también serán escuchadas y atendidas en forma especial.

 

Y también quiero incorporen a los presos. Que ellos sepan que cuento con sus oraciones y con los sacrificios que les impone su estado de vida. Sus oraciones y sacrificios serán causa de muchas conversiones. Quiero además que en esta gran jornada de evangelización universal se integren todas las Iglesias. Mi Papa Francisco se reunirá con sus líderes y promoverá una jornada de integración y planificación en donde se definirán los campos de acción de cada quien para llevar a cabo la tarea con máxima eficacia.