VIERNES 22 DE MARZO DE 2013
Muchas cosas atormentan a la humanidad hoy en día. Para unos las crisis económicas y los daños que producen son intolerables. Para otros es la violencia de sus hermanos lo que los atormenta. Para otros la escasez y falta de alimentos no sólo los atormenta sino que además sufren las consecuencias en sus organismos. En fin, la humanidad de hoy está muy atormentada por todo lo que le acontece.
Pero todo este tormento es absolutamente nada comparado con el sufrimiento de las almas condenadas. Más aún, si alguna persona pudiese sufrir en ella todos los tormentos que sufre la humanidad, ello sería totalmente insignificante comparado con los tormentos que sufre un alma condenada.
No hay, repito, no hay ningún sufrimiento humano que se pueda comparar con los sufrimientos de un alma condenada. Ni siquiera los tormentos y sufrimientos que tuve que pasar en mi pasión y muerte tienen comparación con los sufrimientos de un alma condenada. Es por esto que mi Divina Misericordia quiere alcanzar a todos los seres humanos que están recorriendo el camino de la condenación y llevarlas al camino de mi salvación.