DOMINGO 21 DE ABRIL DE 2013
Cuántas veces he querido que mi Divina Misericordia llegue a las mentes y corazones de todos los seres humanos y en especial a los que se encuentran en el camino de la condenación. Así se lo he hecho saber a mis almas escogidas en muchas formas, y para ello me he valido de almas generosas que me entregan su tiempo para hacer posible que este mensaje de salvación llegue a sus hermanos.
Estas almas tienen preparado un lugar especial en el cielo así como todas las que reciben el mensaje y responden también con generosidad. Pero hay almas que lo reciben y responden a medias o no responden del todo. Estas almas entristecen mi corazón porque de lo que de ellas depende detienen la propagación de mi mensaje y en consecuencia sufre el apostolado de mi Divina Misericordia y sufren las consecuencias las almas llamadas a la conversión y salvación.
Estas almas que entristecen mi corazón no ocuparán el lugar especial que les tengo preparadas para ellas en el cielo. Su lugar será ocupado por otras almas más simples de corazón que creen en mi mensaje y no lo cuestionan. Tristemente así ha sido a través de la historia desde que estuve con mis discípulos.
Sólo los sencillos de corazón aceptaron mi mensaje, lo acogieron y lo hicieron suyos haciendo posible la evangelización de los pueblos. Tuve y he tenido que sufrir a través de la historia el rechazo de hombres y mujeres de corazones complejos que quieren pruebas para creer. En lo que de ellos ha dependido la evangelización de los pueblos ha sido más tardía y muchas almas se han condenado.
Como quisiera que no fuese así en esta oportunidad en que está muy próxima mi segunda venida y la salvación de millones de seres humanos que están en el camino de la condenación depende de qué mi Divina Misericordia llegue a ellos a través del apostolado de mis almas escogidas para tan hermosa tarea. Cuán importante es en este tiempo que las almas que estoy llamando para este apostolado respondan con generosidad.