MIERCOLES 20 DE MARZO DE 2013

Hoy ha sido un día especial en mi Iglesia. En casi todas partes del mundo mis almas escogidas han orado y se han sacrificado por mi Papa Francisco y me han pedido que lo ayude a realizar los cambios que mi Iglesia necesita. 


Mi Iglesia despierta. Está tomando conciencia de quién es y cuál es su tarea en el mundo. Por doquiera comienzan a despertar mis almas escogidas. Se están dando cuenta de lo importante que son sus oraciones y sacrificios. Comienzan a entender que si el Papa pide que oren por él es porque necesita de verdad de las oraciones de la Iglesia. Comienzan a entender que la Iglesia no es sólo el Papa y la jerarquía sino que también todos los bautizados forman parte de ella. 


Mi Iglesia comienza a despertar y cuando estén todos despiertos llevará a cabo la tarea de salvación más grande que ha conocido la humanidad. Mi Misericordia Divina está alcanzando a todos los miembros vivos de la Iglesia y hará que sus miembros muertos vuelvan a vivir su compromiso eclesial. 


Mediante este gran despertar de mi Iglesia el mundo conocerá la mayor difusión de Misericordia Divina que haya derramado en todos los tiempos. Habrán conversiones que jamás se hubiera pensado que se podrían realizar. Millones y millones de personas que se encontraban recorriendo el camino de la condenación eterna dejarán de hacerlo y vendrán a mí buscando la salvación eterna. 


El diablo reaccionará violentamente al ver que millones de almas se le escapan de sus manos y se valdrá de aquellos que rechazarán mi Divina Misericordia para provocar grandes eventos que producirán mucho dolor y terror en la humanidad. Con ello intentará que vuelvan a él los que abandonaron su camino, pero será tarde porque Yo mismo me haré presente para llevar a mi a todos los que optaron por el camino de salvación. 


El diablo no podrá hacer nada sino regresar a su lugar de donde salió. Yo haré todas las cosas nuevas y mis almas escogidas junto con todos los que se salvaron se unirán a la corte celestial para vivir en mi amor para toda la eternidad. La alegría y la felicidad que tendrán todos será tan grande que olvidarán el tiempo de parto con sus dolores y angustias. El tiempo de la agonía desaparecerá para siempre y sólo se vivirá la alegría y la felicidad eterna. 


Les digo todo esto para que se preparen y cuando llegue el tiempo de parto no se angustien ni le teman. Todo lo contrario, que sepan que este tiempo de parto anuncia mi venida eminente y la inauguración del nuevo tiempo de la felicidad y alegría eterna donde no habrá más dolor ni llanto. Todo esto ya está a punto de consumarse. ¡No temáis! Más bien alégrense al saber que el tiempo de la redención final ya llega. La espera ha sido larga pero la llegada es cierta.