MIERCOLES 24 DE ABRIL DE 2013
De muchas formas insisto una y otra vez en que mis almas escogidas para el apostolado de la Divina Misericordia reflexionen y consideren la dignidad del apostolado a que han sido llamadas y la profundidad y la extensión del mismo.
Ninguna otra tarea que lleven a cabo tiene mayor dignidad y mayores consecuencias que está de llevar a cabo el apostolado de mi Divina Misericordia. Si son tareas humanas relacionadas con bienes materiales son tareas vanas que pierden su importancia y desvanecen con el tiempo. Y si están relacionadas con bienes espirituales, la totalidad de ellas tiene una dignidad y una eficacia menor que la de llevar a cabo el apostolado de la Divina Misericordia.
Nada, absolutamente nada es más importante para mis almas escogidas que llevar a cabo con entrega, con amor y con pasión el apostolado de mi Divina Misericordia. Nada tiene más importancia y consecuencias que ser instrumentos para que mi Divina Misericordia llegue a las mentes y los corazones de las almas que se encuentran en el camino de la condenación.
Por estas almas, en forma especial, entregué mi vida en la Cruz. Por ellas no escatimé realizar sacrificio alguno cuando me hice presente en este mundo. Por ellas acepté la ignominia de la Cruz, los dolores, los sufrimientos y las burlas de mis hermanos. No escatime nada ni puse otra tarea por encima de la gran tarea de llevar a cabo la salvación de la humanidad.
Rechacé todas las tentaciones para apartarme de llevar a cabo mi misión salvadora. Asimismo, les pido a mis almas escogidas que rechacen todas las tentaciones que se les presenten que los puedan alejar de llevar a cabo su misión de llevar mi Divina Misericordia a las almas más necesitadas de ella. Cuándo duden piensen en mí.