MARTES 21 DE AGOSTO DE 2012
Cuántas cosas más quisiera revelarles a mis almas escogidas para el apostolado de la Divina Misericordia, pero como ya les he dicho, no quiero que se turben ni se distraigan en la realización de este hermoso apostolado. Sin embargo, es necesario que sin temor alguno se preparen para mi segunda venida, ya que no quiero que la noche los agarre por sorpresa sino que sepan leer los signos de los tiempos y conozcan la eminencia de mi venida.
Ello les debe llevar a intensificar sus oraciones y sacrificios por las almas más necesitadas de mi Misericordia Divina y así lograr que sean muchas las almas que se conviertan y se salven antes de qué se cierre el tiempo que mi Padre ha permitido como tiempo final de gracia y conversión.
Sólo por esto quiero que mis almas escogidas sepan discernir y perciban con claridad la cercanía de mi venida. Una vez más, no quiero que se turben o se distraigan de su apostolado. No quiero que tengan temor alguno porque yo mismo las protegeré durante los acontecimientos previos. Que este conocimiento sirva sólo para aumentar la alegría de saber que el esposo ya está cerca y las bodas del cordero con sus almas escogidas pronto se realizarán.
Permaneced en vela como las prudentes doncellas que tuvieron suficiente aceite en sus lámparas para recibir al esposo. Llenad vuestras lámparas con el aceite de vuestras oraciones y sacrificios y mantenedlas llenas hasta el final sin temor ni titubeo alguno.
Ustedes son mis almas escogidas, mis almas que amo con amor eterno. A cada una la recibiré y la tomaré en mis brazos y recibirán el descanso y la alegría prometida por tan hermoso apostolado realizado al final de los tiempos. Es por este mismo amor que les tengo que las quiero preparar para que no les tome por sorpresa el día de mi venida.
En los Evangelios encontrarán la señales generales que quise dejar a todos mis hijos cuando estuve presente en mi primera venida. La señales que les doy a continuación son señales particulares para mis almas escogidas a fin de ayudarlas en su preparación y a que realicen su apostolado con gran intensidad aún hasta el día previo a mi venida.
Cada día previo a mi venida será un día de gran misericordia para la humanidad que hará que muchas almas necesitadas de mi misericordia se conviertan y se salven. A nadie se le escape que estos días son de gran turbulencia para la humanidad.
Al mismo tiempo en que anuncian grandes descubrimientos en el campo de la materia y envían al espacio naves maravillosas que hacen grandes descubrimientos del sistema solar, ocurren grandes tragedias en la humanidad tanto en el orden social, económico, político y moral.
Pareciera que el mundo avanza hacia un gran conflicto entre las naciones como nunca antes lo hubo y la realidad es que así será. La lucha por el poder y el control de las riquezas producirá un gran conflicto como nunca antes lo hubo. Las naciones lucharán una contra otra con gran furia. Utilizarán todo el poder y el material de guerra que han venido acumulando. Harán uso de las armas nucleares y otras armas que mantenían en secreto.
La magnitud de la tragedia será inconmensurable. Millones de personas morirán en el conflicto y muchos más quedarán prácticamente muertos en vida ya que el estado en que quedarán no les permitirá realizar actividad alguna sino esperar la muerte con vehemencia. Los cimientos mismos de la tierra sufrirán y habrán terremotos como nunca antes ocurrieron.
Todo ello ocurrirá gradualmente, de un conflicto se pasará al otro y al otro y al otro. La gente pensará que son parte de la secuencia de conflictos que han solido ocurrir en la historia y no se percatarán de qué esta vez es algo diferente, que estos conflictos son como pequeños incendios que se unen uno al otro hasta de pronto encontrarse en medio de uno enorme de proporciones incontrolables.
Una nación y otra se agregarán cada vez más al conflicto hasta que este adquiera una dimensión tal que será incontrolable y devendrá en el más grande conflicto con la más grande destrucción que se ha producido en la historia humana.
Habrá una gran escasez de alimento y de agua potable. La producción industrial se paralizará en el mundo entero. Las personas deambularán de un lado para otro en la ciudades en un gran desconcierto. Se volverán como lobos y se destrozarán unos a otros. La catástrofe y el caos será de tal magnitud que no habrá fuerza alguna que pueda controlarla.
Los que buscaban poder y control de las riquezas propondrán un sistema de gobierno mundial que las naciones aceptarán con la esperanza de qué ello traiga la paz y el control de las fuerzas descontroladas, de la violencia y la paralización económica, pero ello sólo traerá una paz momentánea. Las fuerzas mismas del conflicto desatado se volverán contra los que buscaron poder y control de las riquezas.
Habrá una gran oscuridad en toda la tierra, el planeta se tambaleará, las estrellas se moverán. El temor de que el mundo se acabará se apoderará de todas las personas. Muchos se convertirán y pedirán perdón de sus pecados. Mi Divina Misericordia los alcanzará por las oraciones y sacrificios de mis almas escogidas.
Será entonces cuando en el cielo se manifestará la señal del Hijo del Hombre, la cual será la gran señal para mis almas escogidas de qué mi segunda venida es eminente. Sus oraciones y sacrificios subirán y se harán tan intensos que toda alma necesitada de mi Divina Misericordia la recibirá de forma tal que se convertirá y se salvará a menos de que decidan condenarse eternamente.
Será entonces cuando me manifestaré una vez más al mundo entero y todas las almas serán juzgadas. Todos los seres humanos me conocerán como su Creador, como Dios Misericordioso y como Dios justo, pero sobre todo me conocerán como el Amor, fuente del amor eterno, que los creé por amor y que los redimí y los salvé por amor. Mis almas escogidas junto con todas las almas salvadas vendrán a mí a vivir una vida nueva, la vida eterna de dicha y alegría tal que nunca pudo ser imaginada.
Este gran conflicto de dolor, agonía y destrucción dará paso al inicio de un tiempo nuevo donde todas las almas que optaron por salvarse vivirán la gran Vida Eterna. Yo soy el Alpha. Yo soy quien creó este mundo y esta vida que el pecado llevó a un final trágico, pero Yo soy el Omega, Yo soy quien doy inicio a una nueva creación, a una nueva vida donde no habrá pecado y no habrá nunca mas un trágico final.
Lo viejo habrá pasado y beberemos todos el vino nuevo en el mundo nuevo donde no habrá nunca más sufrimientos, agonías y tormentos. Sólo habrá paz, alegría y felicidad en un mundo nuevo donde reinará el AMOR. Sí, se que este gran conflicto y “trágico final” de este mundo producirá mucho dolor, agonía y turbación, pero sólo será como la mujer en parto dando a luz una nueva criatura.
Una vez realizada la nueva creación y todos entren en la vida eterna, la felicidad será tal que lo viejo y el parto del conflicto final se olvidará. Por eso le pido a mis almas escogidas que no teman, que no se turben durante el conflicto, sino como la mujer en parto, se concentren en dar a luz a la nueva creación en la que se cumplirá todo lo que anuncié por medio de los profetas y por mi mismo cuando realicé mi primera venida. No teman, no se turben cuando vean que los signos se están realizando.
Ellos son como los dolores del parto que sólo anuncian un proceso doloroso que tendrá un final feliz. No teman hijas mías, yo mismo tomaré cuidado de ustedes durante el parto y les daré las fuerzas para que terminen de realizar el apostolado más hermoso que se haya realizado en todos los tiempos.
Ustedes son mis almas escogidas para tan hermoso apostolado, a ustedes les he confiado la gracia de la conversión y salvación de las almas más necesitadas de mi Divina Misericordia. Ustedes mismas tendrán como premio el habitar en el corazón de mi Divina Misericordia.
Ánimo hijas mías, no se dejen turbar por lo que saben. Las mujeres que van a dar a luz no se dejan turbar por saber de los dolores del parto. Ellas entran al parto con un gran amor porque saben que van a dar a luz a un hijo, a una nueva criatura. Asimismo, no se turben ustedes y entren con confianza y con gran amor a este proceso del gran parto de los últimos días que mi gran misericordia permite para que se de a luz a la nueva creación.