SABADO 6 DE ABRIL DE 2013
Muchas cosas les preocupan a mis almas escogidas. Con facilidad las preocupaciones de el mundo las distraen de la tarea principal de llevar mi Divina Misericordia a las almas más necesitadas de ella. Por ello, lo que les pedí a mis apóstoles la noche del Jueves Santo: Vigilad y Orad, también se lo pido a ellas.
Si no vigilan y oran fácilmente caerán en la tentación de ocuparse en las cosas mundanas. Se llenarán tanto de actividades que no tendrán tiempo ni para orar. Pensarán que todo está bien porque están muy ocupados y no caerán en cuenta que nada está bien.
Si las sorprende la muerte en esas circunstancias caerán en cuenta que sus vidas fueron vanas, que dedicaron sus vidas a un quehacer sin fin de muchas actividades que creían importantes y sin embargo no lo eran.
Caerán en cuenta que cayeron en la tentación de llenar sus vidas con múltiples actividades mundanas que no produjeron bien alguno a mis almas más necesitadas de mi Divina Misericordia y muchas de estas almas, en lo que dependió de ellos, se condenaron o se mantienen el camino de la condenación y tendrán que dar cuentas por ello.
Más aún, se darán cuenta de que muchas de las actividades que realizaron no produjeron ningún bien eterno para ellas mismas. Tan sólo produjeron un “bien” que tan sólo mejoró, en el mejor de los casos, alguna realidad mundana que desaparecerá tarde o temprano para siempre sin dejar estela alguna en la eternidad. Tan sólo vanidad de vanidades que desaparecen para siempre.
Por todo esto, les pido a mis almas escogidas que reflexionen seriamente en lo que hacen, y si han caído en la tentación de vivir en vanidades, que cambien con urgencia su estilo de vida antes de qué sea tarde.
De ellas depende la salvación de muchos y eso es infinitamente más importante que dedicarse a cualquier tarea mundana, sea la que fuese. Yo tomaré cuenta de sus necesidades en el mundo si ellas toman cuenta de las necesidades de las almas más necesitadas de mi Divina Misericordia.
Para mis almas escogidas la más importante y primaria tarea que tienen es la vigilancia y la oración, el estar unidas a mí. Sólo así podrán llevar a cabo el apostolado de la Divina Misericordia que les he encomendado.