SABADO 22 DE JUNIO DE 2013

Mis almas escogidas para el apostolado de la Divina Misericordia tienen en sus manos el poder de lograr la conversión y salvación de muchísimas almas que se encuentran en el camino de la condenación. De ellas depende que estas pobres almas reciban mi Divina Misericordia y abran sus mentes y corazones a las gracias especiales que les concedo para que opten por el camino de la salvación. 


Mis almas escogidas gozan de este privilegio de lograr la conversión y salvación de las almas que recorren el camino de la condenación. En ellas he dispuesto que por sus oraciones, sus sacrificios, y sus obras, mi Divina Misericordia llegue a las almas más necesitadas. 


En este tiempo final antes de mi segunda venida mi Padre ha dispuesto que todas las almas que recorren el camino de la condenación tengan la oportunidad de convertirse y salvarse. 


Es una gracia muy especial que mi Padre tenía reservada para este tiempo final porque mi Padre en su infinito amor quiere que todos los hombres se salven. Y el medio para que esta gracia especial llegue a las almas más necesitadas es el apostolado de mi Divina Misericordia.


Para llevarlo a cabo he seleccionado en todas las partes del mundo almas que me aman y se han consagrado a mi Sagrado Corazón. Con estas almas se está llevando a cabo la obra de salvación más grande que se haya conocido en toda la historia. 


Pertenecer a este apostolado es el mayor honor que puede recibir un alma en la tierra, pero es a su vez una gran responsabilidad porque de las oraciones, sacrificios y obras que se realicen en este apostolado depende la conversión y salvación de millones de almas que se encuentran en el camino de la condenación. 


Pero a su vez las almas escogidas para llevar a cabo este apostolado tienen prometido una gloria especial en el cielo junto al Padre, junto a mí y junto al Espíritu Santo. Su esfuerzo, entrega y dedicación será recompensado en forma especial.