DOMINGO 17 DE MARZO DE 2013

¡Hijos míos! Cuando contemplo el dolor y el sufrimiento de todos mis hijos en el mundo entero mi corazón se turba. Quisiera acogerlos a todos y tenerlos junto a mí para protegerlos. Como la gallina abre su salas para recibir y proteger a sus polluelos así quiero hacerlo con toda la humanidad. 


Utilizan mi nombre para hacerle daño a sus hermanos. Dicen que Dios es grande y proceden a quitarse la vida y quitársela a sus hermanos. El odio circula por su sangre y pretenden que Yo estoy con ellos. 


Mis hijos se han dejado engañar por el maligno y no se han dado cuenta de ello. Creen ser hijos míos cuando en realidad se han hecho hijos del diablo y realizan sus obras y no las mías que son obras de amor y misericordia. No tienen misericordia con sus hermanos y quieren que tenga misericordia con ellos cuando se encuentran sin poder y vencidos. Por ello, este tiempo de mi Divina Misericordia quiero que llegue a estos hijos míos que se han dejado engañar y han llenado de odio sus mentes y corazones. 


Quiero que mis almas escogidas recen especialmente por ellos y ofrezcan sus oraciones y sacrificios para que mi Divina Misericordia penetre la mente y los corazones de estos hijos míos que se han dejado engañar por el maligno. Mi hijo amado, Juan Pablo II, les dió un claro testimonio de cómo quiero que se porten con ellos. En lugar de responder a sus violencias con violencias, quiero que respondan con amor. La violencia nunca les va a resolver nada sino que producirá a su vez más violencia. 


Responder con violencia es como querer apagar un fuego con gasolina. En cambio, si responden con amor la violencia irá disminuyendo gradualmente. Al principio le responderán con más violencia cuando ustedes respondan con amor. Pero poco a poco irán cayendo en cuenta de su error y descubrirán lo equivocado que estaban y lo horrendo de sus actos. Sí, sé que no es fácil y que la sangre hierve cuando nos hacen violencia. Yo lo percibí con claridad cuando fui torturado atrozmente y me dieron muerte en la cruz. El amor calmó la sangre que  hervía en mis venas y que me invitaba a hacerle violencia a los que me hacían violencia. Pero la fuerza del amor imperó por encima de todo. 


No fueron pocos los que se dieron cuenta de ello y se salvaron. Mis discípulos y apóstoles amados llegaron a entenderlo muy bien y llegaron hasta entregar sus vidas sin realizar violencia como habían visto que yo lo había hecho. Ciertamente que los violentos continuaron siendo violentos y ejercieron mayor violencia con mis hijos. Pero poco a poco cayeron vencidos ante el testimonio de amor de mis discípulos y se realizó entonces el milagro de la conversión de pueblos que los caracterizaba la violencia. Y fue así como mi Iglesia se fue abriendo paso en sus inicios y llegó a establecerse sólidamente en el mundo. 


Tenedlo claro: la violencia es obra del maligno y no obra mía. Nunca la quiero, y si la permito es por respetar la libertad que les he dado al crearlos a mi imagen y semejanza. Vean como el maligno llegó a sembrar la violencia en mi Iglesia y se produjeron divisiones muy dolorosas que han hecho más lento el que la humanidad reciba mi mensaje de salvación y se abrace a él.


Vean que estos tiempos que se han caracterizado por la violencia y la muerte que los seres humanos se aplican entre sí no son más que un claro signo de que el maligno ha penetrado la mente y los corazones de muchos seres humanos en el mundo llevándolos a realizar episodios de violencia nunca antes vividos en el mundo. 


La violencia y la muerte ha arraigado en los pueblos y en sus gobernantes. Prácticamente no hay país en que no se haga uso de la violencia y la muerte para dominar a los gobernados y a los otros pueblos. Lo más triste es que la violencia y la muerte también hizo nido en muchos miembros de mi Iglesia y han justificado el quitarle la vida y la tortura de sus hermanos por motivos de ideología. 


Si siguen siendo engañados por el maligno y le siguen aceptando su invitación a usar la violencia y la muerte con sus hermanos irán por un camino que no tiene sino un único final: LA DESTRUCCION GLOBAL DE LAS NACIONES Y EL PLANETA EN QUE VIVEN. No hay palabras para describir la magnitud de la destrucción, del odio, del dolor y del sufrimiento que se produciría si ello llegase a ocurrir. Todos los días se está dando un paso más en esta dirección.


La única forma de detener este avance es mediante las obras de amor y misericordia. Especialmente les pido a mis almas escogidas que hagan una campaña universal de oración y sacrificios para que mi Divina Misericordia penetre las mentes y los corazones de todos aquellos que están recorriendo el camino del odio y la violencia. 


Junto con ello hagan todas las obras de amor y misericordia que les sean posibles con todos aquellos que conozcan están recorriendo el camino del odio y la violencia. Pedir y obrad para que no se realicen los planes de odio y destrucción que el maligno está llevando a cabo en la humanidad y que no sólo se deshagan sino que se conviertan en planes de unión y amor en toda la humanidad.