JUEVES 25 DE JULIO DE 2013

Miríadas y miríadas de ángeles ayudan a mis almas escogidas a llevar a cabo las tareas que les he encomendado. Mis ángeles les protegen y las animan a superar los obstáculos que se les presentan. Ellos cuidan que las gracias que derramó en ellas sean aprovechadas a plenitud y mantienen alejado de ellas al demonio y sus secuaces. 


Sólo después de esta vida podrán mis almas escogidas darse cuenta de la asistencia que recibieron de mis ángeles y la protección que les dieron. Sólo así pudieron ser capaces de realizar su tarea ya que de lo contrario el demonio se los hubiese impedido. 


Los seres humanos no tienen idea de la batalla espiritual que se realiza en medio de ellos. Si no fuera por la asistencia espiritual que mi Padre les concede se condenarían irremediablemente millones y millones de almas que no pueden valerse por sí mismas. 


La batalla espiritual arrecia en la medida que se acerca mi hora. El demonio y sus secuaces rugen al ver como mi Divina Misericordia les arrebata de sus manos a millones de almas que ya las consideraban suyas. Por eso redoblan sus esfuerzos y atraen hacia si a las almas a través de artificios y medios cada vez más poderosos. 


Se valen de aquellos que les han entregado su alma para presentarles a los que no lo han hecho el camino de la condenación como si fuese un camino de liberación y de realizaciones humanas cada vez más deslumbradoras. 


He aquí que estoy a la puerta y llamo por mi Divina Misericordia a la mente y los corazones de los seres humanos para que no se dejen engañar y se conviertan al camino de la salvación. 


Mis almas escogidas y mis ángeles junto con la corte celestial me ayudan especialmente en esta gran tarea de salvación universal. 


Mi Corazón arde de amor y no cesa de llevar la Divina Misericordia a las almas más necesitadas de ella. 


Mi Corazón cubre con su Divina Misericordia a toda la humanidad y llama con insistencia a la conversión y salvación. ¡Venid a mí que los haré felices eternamente!