MIERCOLES 10 DE JULIO DE 2013

Cómo desea mi Sagrado Corazón que todas las almas que se encuentran en el camino de la condenación se conviertan y se salven. No hay criatura alguna que pueda comprender y descubrir la plenitud con la que deseo salvar a todas las almas. 


Si hubiese sido posible realizar un acto que pudiera expresarlo mejor que mi muerte en la Cruz, así lo hubiera hecho. El ser humano apenas comprende el amor que le tengo, y por ello tanto se resiste a responder y amarme. Con facilidad se vuelve a lo material, a lo creado, a las otras criaturas humanas y vuelca sobre ellos su amor hasta cometer locuras como el suicidio.

 

La tecnología lo ha cegado más aún, llegando a volcar su mente y corazón a ella que llega incluso no sólo a olvidarme sino que se hace eunuco, se  incapacita, para amar a sus hermanos.


El ser humano de estos últimos tiempos está mucho más necesitado de mi Divina Misericordia que todos los seres humanos que lo han precedido. La Buena Noticia que tanto bien hizo y tanta conversión produjo en épocas anteriores ahora ni siquiera es noticia para los seres humanos de este tiempo previo a mi segunda venida. 


Por ello las obras de evangelización que se realizan en el mundo producen tan pocos resultados. Y es que la Buena Noticia que tanto bien produjo en todas las generaciones anteriores ahora no es noticia, no llama la atención al hombre de hoy ya sea que se le presente en una forma u otra. 


Esta es la gran tragedia de la humanidad de estos tiempos. Se han incapacitado para recibir el mensaje de salvación. Consideran que todo está bien para ellos y por eso no tienen necesidad alguna de salvarse. 


Han desvirtuado el mensaje del Evangelio. Lo consideran fuera de tiempo y sin contenido para las necesidades del ser humano de hoy. Son muy pocos los que lo leen y quienes lo hacen o son mis pocas almas escogidas y los pocos que se dicen ser cristianos y lo son de verdad, o son los escasos seres humanos que lo hacen como lectura cultural o por curiosidad. 


La gran mayoría de los libros que tienen los evangelios permanecen cerrados. Ya había visto que esto había de ocurrir cuando estuve con mis apóstoles y así se los anuncié a ellos para que ninguno de mis discípulos de esta época previa a mi segunda venida se escandalizara. 


Por esto, la única esperanza que tiene el ser humano hoy es mi Divina Misericordia. Si no fuese por ella billones de personas en el mundo se condenarían irremediablemente.