MARTES 2 DE ABRIL DE 2013

Las almas simples, aquellas que no se complican en sus mentes ni desvían sus corazones de la verdad, son las que reciben mi llamada sin cuestionamiento alguno. 


Las más complicadas, las que necesitan como Tomás, ver para creer, son las que más dificultades tienen en recibir mi mensaje. Sólo si cumplen los requisitos que a priori establecen lo reciben sin cuestionamiento, pero si no los cumplen lo ponen a un lado y lo mantienen en observación en el mejor de los casos y en la mayoría de las veces terminan rechazándolo. 


Por eso mi mensaje está dirigido principalmente a las almas simples, a los sencillos de corazón. No pretendo que todos los que lo lean lo reciban y lo abracen con amor sin cuestionamiento alguno. Ello no es posible en las almas complicadas. 


Así fue cuando me hice presente entre los hombres y así ha sucedido en todas las edades. Lo que sí espero es que mis almas escogidas, mis almas simples, si lo reciban con amor y se abracen a el. Ello ocurrirá como ha ocurrido siempre.


Pero también habrá muchas almas complicadas que debido a su sinceridad y búsqueda de la verdad, terminarán recibiendo mi mensaje y lo acogerán con amor. Por eso les pido a mis almas escogidas que oren y se sacrifiquen por sus hermanos que tienen más dificultades en recibir mi mensaje. Por medio de sus oraciones y sacrificios mi Divina Misericordia obrará en las almas complicadas, como lo hice con Nicodemo, y haré que logren entender todo lo que se les dificulte y moveré sus corazones para que reciban con amor mi mensaje y se vuelvan promotores de mi Divina Misericordia. 


Nada urge más en estos tiempos que el mensaje de mi Divina Misericordia llegue a la humanidad, a todos los pueblos, y a los lugares más recónditos de la tierra. ¡El tiempo apremia! La salvación de muchos seres humanos dependerá de que les llegue el mensaje de mi Divina Misericordia. A todos mis hijos que lo reciban y lo promuevan les daré gracias especiales para su propia salvación.