SABADO 23 DE MARZO DE 2013

Quiero que todos los seres humanos tengan la oportunidad de reflexionar en lo que significa la condenación eterna y sus consecuencias. Por ello le pido a todos los miembros de mi Iglesia que hagan el mayor esfuerzo que les sea posible para que ello ocurra. No escatimen medios ni formas para hacerlo. Empleen un lenguaje sencillo que pueda ser entendido hasta por los niños. 


Sólo una reflexión profunda sobre la condenación eterna y sus consecuencias preparará a las almas de los que están recorriendo este camino de condenación a recibir mi Divina Misericordia y obtener de ella las fuerzas para abandonar este camino y comenzar a recorrer el camino de la salvación. 


No se trata de meter miedo a nadie. Se trata tan sólo de exponerles la verdad. No se trata de qué cambien por miedo a la condenación. Se trata de conocer la realidad del camino de la condenación, su destino final y sus consecuencias para toda la eternidad. Hay que hacerlo por amor y en el amor. Sólo el amor puede conseguir que se preste atención al mensaje y no sentirse amenazado por él. 


Ciertamente habrán quienes digan que este es un mensaje trasnochado con el cual se intentó en el pasado impedir la libre opción del ser humano y poder escoger caminos diferentes a los presentados por la Iglesia. Dirán que este mensaje es una invitación a volver al pasado y perder los múltiples logros alcanzados por la sabiduría y el conocimiento humano. 


No perdáis tiempo respondiendo a estos cuestionamientos. Tan sólo decirles que es el Señor quien los ha enviado a dar este mensaje a la humanidad. Decirles que el Señor mismo probará la veracidad de su mensaje permitiendo un acontecimiento de grandes proporciones que probará inequívocamente que el mensaje es cierto y que es la última oportunidad que mi Divina Misericordia les brinda para que se conviertan y cambien del camino de la condenación al camino de la salvación. 


Después de este gran acontecimiento ocurrirá mi segunda venida y vendrá el juicio. Quienes optaron por salvarse recibirán la salvación eterna y quienes rechazaron la última oportunidad que les ofreció mi Divina Misericordia recibirán la condenación eterna por la cual optaron. 


Se iniciará un tiempo nuevo y definitivo para todos. Para unos un tiempo de felicidad y alegría que nunca acabará y para otros un tiempo de sufrimiento y agonía que nunca acabará. Cada quien terminará en una realidad o otra de acuerdo a la opción que escogieron. 


El tiempo apremia. La hora final se acerca. Reflexionad profundamente en ello. Cuento con mi Iglesia y con todos los seres humanos de buena voluntad que se quieran integrar a esta gran tarea de evangelización y salvación del fin de los tiempos. 


No pierdan tiempo cuestionando la veracidad de mi mensaje. No esperen a que el gran acontecimiento que va a ocurrir sea el signo que les haga creer en el. Ya sería tarde para realizar esta gran tarea de salvación y serían millones las almas que se condenarían. 


Si esto hicieran tengan por cierto que les pediré cuentas por no haber actuado a tiempo para salvar a sus hermanos. Reciban este mensaje con amor y oren. Reflexionen en el y en la oración verán que el mensaje es auténtico. Soy Yo quien los llamo a realizar ahora esta gran tarea de evangelización y salvación. ¡No dudéis! Respondan con amor y generosidad.