LUNES 8 DE JULIO DE 2013

De muchas maneras he querido insistir en que mis almas escogidas reconozcan la grandeza del apostolado al que han sido llamadas. Insisto una vez más: la humanidad no ha conocido ni conoce una obra de salvación mayor que esta y todas las almas escogidas para este apostolado recibirán un reconocimiento especial por haber llevado a cabo tan grandiosa obra de amor que es la salvación de las almas más necesitadas de mi Divina Misericordia. 


Benditas almas que mi Padre ha elegido para llevar a cabo la mayor obra de salvación que ha conocido la humanidad. Mi Corazón se alegra y se inunda de gozo al contemplar los miles y miles de almas que diariamente se convierten y abandonan el camino de la condenación al recibir mi Divina Misericordia. 


Cuanta alegría hay en el cielo al contemplar a millones de almas que se convierten y entran en el camino de la salvación. Cuando parecía que todo estaba perdido y que estas almas se condenarían irremediable, mi Divina Misericordia llegó a sus mentes y corazones y optaron por la salvación y la felicidad eterna. 


Cuando entre en el camino de la salvación la última alma que se haya abrazado a mi Divina Misericordia entonces se realizará mi segunda venida y caerá sobre la humanidad como un rayo mi Justicia Divina. 


Todas las almas que rechazaron mi Divina Misericordia y prefirieron mantenerse en el camino de la condenación recibirán en justicia lo que han querido: la condenación eterna. 


Cuánto quisiera que ni una sola alma optase por condenarse. Cuánto desea y arde mi Corazón por todas las almas que se encuentran en el camino de la condenación y las cubre con mi amor infinito en Divina Misericordia para que sus mentes y corazones se muevan y opten por salvarse. 


El cielo entero gime y ora por todas ellas, para que ninguna se condene. Previo a mi segunda venida todas las almas que todavía se encuentren en el camino de la condenación tendrán una oportunidad más para que respondan a mi Divina Misericordia y opten por la salvación. Todas verán en el cielo el signo de la Cruz, para que recuerden de forma especial que morí en la Cruz por todas ellas, para que ninguna se condene. 


Todo lo que ocurrirá en esos días tendrá como finalidad el mover las mentes y los corazones de las almas que se encuentren en el camino de la condenación y se conviertan. Todo lo que ocurrirá en esos días será la obra final de mi Divina Misericordia.