MARTES 26 DE MARZO DE 2013

Muchas veces he querido salvar a los seres humanos desde que los cree. Mi Divina Misericordia los ha querido cubrir con mi amor.  Y muchas veces los seres humanos la han rechazado y han optado por no arrepentirse de sus malas acciones. 


Bien podría decir que la historia de los seres humanos ha sido una historia de amor y envío de mi Divina Misericordia y de rechazo a ella. Han sido muchos los que la han acogido y se han salvado, pero también han sido muchos los que la han rechazado y se han condenado. 


Este tiempo final no es diferente de los demás tiempos, salvo que mi Divina Misericordia se derrama en oleadas tras oleadas en las mentes y corazones de los seres humanos. Por ello son muchos más los que abandonan el camino de la condenación y acogen el camino de la salvación. 


Estos tiempos así lo requieren porque han sido muchos más los que se encuentran en el camino de la condenación y están expuestos a ser juzgados en esta condición y recibir la condenación buscada. 


Siempre han habido almas escogidas que han orado y se han sacrificado por la salvación de sus hermanos. Pero estos tiempos requieren de muchas más que tomen conciencia de la situación en la que se encuentra el mundo y de la necesidad de qué oren y se sacrifiquen por la salvación de sus hermanos. 


El dicho de qué "grandes males requieren de grandes remedios" es hoy más actual que nunca. Ante los grandes males que atraviesa el mundo hoy se requieren de grandes remedios. Mi Papa Francisco es una gran respuesta a los grandes males del mundo de hoy. Él me ayudará a darles grandes remedios al mundo de hoy, pero el solo no puede hacerlo todo. El necesita de almas generosas que lo ayuden en especial con sus oraciones y sacrificios.