JUEVES 11 DE ABRIL DE 2013

Una y otra vez le pido a mis almas escogidas para tan digno apostolado de la Divina Misericordia que reflexionen sobre la importancia del apostolado que realizan y la responsabilidad que tienen en llevarlo acabo con esmero y dedicación. 


Todas mis almas que trabajan en los diferentes apostolados de la Iglesia realizan una tarea muy importante que al final conducen a una única meta: la conversión y salvación de los seres humanos, y es muy importante que lo realicen con esmero y dedicación y gran responsabilidad. 


Pero los apóstoles de la Divina Misericordia lo realizan a un nivel mucho más crítico ya que su tarea es dedicarse a las almas más necesitadas de mi Divina Misericordia, a aquellas que se encuentran en el camino de la condenación y su única esperanza es que mi Divina Misericordia llega a sus mentes y corazones por todos los medios posibles. De no llegarle estas almas se condenarían irremediablemente ya que nada más puede ayudarles a su conversión. 


Por esto es que les pido una y otra vez a mis almas escogidas para este gran apostolado de mi Divina Misericordia que reflexionen profundamente sobre la importancia de su trabajo y la gran responsabilidad de llevarlo a cabo. 


A todos mis apóstoles les pediré cuenta del trabajo realizado como lo hice ver en la parábola de los talentos, pero a mis apóstoles de mi Divina Misericordia les pediré cuentas mucho más detalladas de su trabajo realizado por las consecuencias mismas que tiene el que no lo realicen, o lo hagan mal, o a medias. 


El premio que les ofrezco por hacer su trabajo es muy especial, pero asimismo el castigo a que se exponen por no hacerlo también será muy especial. No quiero que los mueva el saber que pueden ser castigados sino que los mueva el amor que me tienen y el amor especial que deben tenerle a las almas que se encuentran en el camino de la condenación. 


Pero tampoco quiero que lo tomen a la ligera y dejen que las preocupaciones del día los aleje del apostolado que están llamados a realizar. Por eso una y otra vez les pido que reflexionen en la importancia del apostolado a que han sido llamados y se han comprometido a realizarlo, y que reflexionen profundamente en las consecuencias que tiene el realizarlo bien, o no realizarlo, o realizarlo a medias. 


No los hago responsables de la decisión final que tomen las almas que se encuentran en el camino de la condenación. Tan sólo los hago responsables de que realicen todo lo que esté a su alcance para que mi Divina Misericordia llegue a sus mentes y corazones. Yo me encargaré de que estas almas, una vez recibida mi Divina Misericordia, reflexionen en las consecuencias que tendrán para ellas el continuar en el camino de la condenación. 


Todas las oraciones y sacrificios de mis apóstoles de la Divina Misericordia, todas las oraciones y sacrificios de la Iglesia y de la comunión de los santos tendrán un efecto especial en estas almas para que logren comprender en profundidad las consecuencias de mantenerse en el camino de la condenación. Ello hará que millones y millones de estas almas hagan el mejor uso de su libertad y opten por el camino de la salvación, y se incorporen a la gran tarea de la salvación de sus hermanos. 


Mi corazón les espera ansiosamente para recibirlas con gran amor. Una vez que hayan entrado todas las almas que libremente decidieron abandonar el camino de la condenación, se realizará entonces mi segunda venida y serán juzgados todos aquellos que libremente rechazaron mi Divina Misericordia. 


Las almas que optaron por la salvación recibirán el premio de la vida eterna en la alegría, paz y felicidad que nunca terminará. Vivirán la plenitud del amor por el que optaron. Y las almas que optaron libremente por la condenación recibirán también vida eterna, pero una vida de agonía, sufrimiento y odio que nunca terminará. Cada quien recibirá la vida por la que ha optado.