VIERNES 3 DE AGOSTO DE 2012

Una vez más quiero insistir en el poder que tienen mis almas escogidas para que mi Divina Misericordia toque la mente y los corazones de todos los que están alejados de mí, ya sea por decisión propia o porque nunca me conocieron. 

Mis almas escogidas tienen un poder único para conseguir la conversión y salvación de los que no creen, no adoran, no esperan y no aman. De sus oraciones y sacrificios depende la salvación de todas estas almas que están tan necesitadas de mi Divina Misericordia. Ellas obtienen  de mí gracias que de otra forma nunca les llegaría a estas almas que no creen, no adoran, no esperan y no aman. 

De no ser por sus oraciones y sacrificios estas almas se condenarían irremediablemente. Por eso mis almas escogidas para llevar este apostolado de la Divina Misericordia tienen que esforzarse en llevar a cabo este apostolado con mucha diligencia, fervor y pasión. Y esto no lo pueden lograr por sí solas, sino unidas muy profundamente a mi corazón misericordioso. En el encontrarán la fuerza para llevar a cabo tan maravilloso apostolado. 

En ellas tengo puesta mi confianza y en ellas derramo mi Divina Misericordia en forma especial. A cada una la conozco por su nombre, conozco sus entradas y sus salidas, y a cada una las alimento con mi cuerpo y con mi sangre, nutriéndolas con mi propio ser. En ellas hábito y tomo cuidado de todas sus necesidades. Las protejo no solo con mis ángeles sino con mi propia presencia. 

El maligno no puede nada en ellas porque yo habito en ellas. Todo sufrimiento que tengan se los convertiré en gozo y recibirán en esta vida el mil por uno y participarán en forma especial de mi gloria en el Reino de los Cielos. La corte celestial los honrará y serán recibidos con gran alegría por todos mis elegidos. 

Ellas no serán juzgadas en el día del juicio final sino que serán revestidas de gran gloria.  Sus oraciones y sacrificios que hicieron en esta vida se convertirán en grandes tesoros en el Reino Celestial. Yo mismo las recibiré y las presentaré ante la corte celestial. Estas almas gozarán de una felicidad que nunca pudieron imaginar que fuese posible gozar. Ellas participarán de la esencia de la Trinidad en forma especial.