JUEVES 28 DE MARZO DE 2013 - JUEVES SANTO

Hoy ha sido un día muy especial para mí. En el mundo entero se han celebrado misas recordando la cena Pascual que tuve con mis discípulos. En todas las misas que se celebran diariamente mi presencia es cierta, pero en la misa de Jueves Santo se hace presente la corte celestial y en forma especial los apóstoles. 


Y ello es porque esta misa recuerda en especial la cena que tuve con mis apóstoles. En esa noche se detuvo el tiempo. Juan supo recoger muy bien en su evangelio como estaba ardiendo mi corazón por ellos y por toda la humanidad. 


Les manifesté mi amor en todas las formas posibles. Sabía con exactitud todo lo que iba a ocurrir. Más que preocuparme por los dolores y sufrimientos a los que había de ser expuesto, mi preocupación mayor eran mis discípulos. Y me preocupaba en especial Judas. Sabía que me iba a entregar. Pero más que su cobarde acto de entrega, lo que más me preocupaba era su respuesta a mi Divina Misericordia que había derramado en forma especial en él. 


Temía que su endurecido corazón la rechazara y tristemente así fue. Lo amé con amor indecible como amo a todos los seres humanos y no quería que se condenara. Ya él había escogido el camino de la condenación y tenía la esperanza de que decidiera salirse de el y venir a mí que le ofrecía la salvación. 


Judas es el prototipo de muchos seres humanos que poco a poco van endureciendo su corazones y cierran sus oídos a todo aquello que les invite a dejar sus planes concebidos y acariciados cada día más. 


Judas sabía que Yo no era un hombre como los demás. Él había visto mis milagros, incluso la resurrección de Lázaro que llevaba tres días muerto. Él no encontraba cómo explicar lo que Yo hacía. Pensaba que eran poderes otorgados por divinidades pero no quería aceptar que Yo fuese el mesías y menos aún que Yo fuese Hijo de Dios. 


El tan sólo buscaba sacarle provecho a las circunstancias. Y cuando vio que no podía sacarme mas provecho y que cada día lo estaba comprometiendo más al ser reconocido como discípulo mío, decidió abandonarme. Él sabía que habían decretado mi muerte y temió que al morir Yo el quedaba expuesto a ser perseguido y posiblemente a ser buscado para quitarle la vida también. 


Por eso decidió dar un paso adelante y sacarle más bien provecho a las circunstancias de mi posible muerte. Se mostró ante mis perseguidores como alguien que ya había decidido abandonar al grupo. Y ofreciendo mi entrega hizo quedar claro que no estaba identificado conmigo, y por lo tanto ya no quedaba expuesto a ser perseguido y perder la vida. 


Judas utilizó su inteligencia diseñando un plan maestro que lograría servir muy bien sus intereses. Lo mantuvo en secreto y se sintió muy contento por encontrarle al fin una salida a su situación. 


Así son muchísimos seres humanos. Utilizan sus inteligencias para hacer planes que sirven a sus intereses no importándole si ello significa la muerte de un ser cercano. Pero llegó el momento en que Judas se dio cuenta de qué a pesar de que había guardado muy bien su secreto, Yo estaba muy al tanto de todo. 


Mi Divina Misericordia comenzó a hacer su efecto en él. Poco a poco fue entendiendo que Yo no era un ser que tenía poderes dados por alguna divinidad. Judas entendió que si Yo conocía sus pensamientos era porque de alguna forma Yo estaba en el.  Y eso no podía ser posible a menos que Yo fuese el ser que llamaban Dios, que había creado todo y había creado a los seres humanos incluyéndolo a él. 


Su entendimiento se abrió y al fin me reconoció como Yahwe, el Dios todopoderoso. No podía entender como era posible que Yahwe estuviese en el cuerpo de un ser humano, pero entendía que era cierto. Y entonces pensó que estaba perdido. Qué lo que él había hecho al entregarme era el mayor pecado que jamás hubiese hecho un ser humano. Pensó que su pecado jamás podría ser perdonado y que era merecedor del mayor castigo que pudiese sufrir un ser humano. 


En su desespero quiso hacer justicia por sí mismo y tomó la decisión fatal de quitarse la vida. Por su mente llegó a concebir la idea de qué pudiera ser que Yo lo perdonara porque se recordó como perdoné a la mujer adúltera. Pero la idea se desvaneció rápidamente, que el pecado de la mujer adúltera era sumamente insignificante comparado con su pecado. 

Hizo la conclusión errónea de que su pecado no tenía perdón. No quiso aceptar que mi Divina Misericordia pudiese morar en el. No se consideró digno de ella y con su actitud no hizo más que rechazarla. 


Por ello quiero que mis almas escogidas hagan mucho énfasis en que mi Divina Misericordia es para todos los seres humanos. No importa el pecado que hayan cometido. Podrán haber sido partícipes de la muerte de muchos seres humanos, podrán haber torturado a sus semejantes, podrán haber dado muerte a niños y ancianos ignorando sus súplicas de que no los mataran. Podrán haber hecho estafas multimillonarias que dejaron en la calle a muchos que perdieron sus trabajos y sus casas. Podrán haber abortado muchos hijos o haber sido partícipes del aborto de muchas criaturas. Podrán haber traicionado a sus seres más queridos. Podrán haber dañado la vida de muchísimas personas produciendo o vendiendo drogas. En fin quiero que mis apóstoles de mi Divina Misericordia hagan saber con mucha claridad que mi Divina Misericordia es para todos los seres humanos no importa lo que hayan hecho. 


No importa lo que hayan hecho. Si me piden que los reciba, los recibiré y los salvaré. Nada, absolutamente nada, impedirá que reciba a los que se acogen a mi Divina Misericordia y vengan a mí. Yo quiero que todos los seres humanos se salven. Yo no quiero que ninguno se condene. Abran sus mentes y corazones y reciban mi Divina Misericordia que es para ustedes, sin excepción. No quiero seres humanos en el infierno.