MIERCOLES 3 DE JULIO DE 2013
En la medida que se acerca mi segunda venida, en esa misma medida la humanidad se aleja de mí. Me niegan y persiguen a los que me siguen. Pretenden vivir en un mundo donde no se haga referencia ninguna a mí, ni a mi Padre.
No sólo rechazan los mandamientos sino pretenden borrar toda referencia a ellos. Han escogido una forma de vida en que les molesta toda referencia a Dios y les molestan los mandamientos porque precisamente viven en oposición a ellos. Hacen lo que los mandamientos les prohíbe hacer y por eso les molestan.
Han escogido el camino del odio y de la destrucción. Todo es válido para lograr los fines que se proponen. La vida de sus hermanos no vale nada y toman decisiones que provocan la muerte de miles de seres humanos y ello les tiene sin cuidado con tal de lograr los propósitos que persiguen.
Mi Iglesia es un obstáculo para sus propósitos y por eso hacen todo lo que esté a su alcance para desprestigiarla y destruirla si les fuese posible. Si mi segunda venida se realizara en este tiempo se condenarían irremediablemente ya que en justicia recibirían el destino final de la condenación eterna que habían escogido.
Por ello retardo mi segunda venida. Mi infinito amor desea que se conviertan y cambien del camino de la condenación al camino de la salvación. Ellos no pueden comprender que sean amados por mi Sagrado Corazón. Se han acostumbrado a no ser amados y a no amar. Piensan que sus propósitos son tan importantes que en ellos no puede haber cabida para el amor.
Son duros de Corazón con ellos mismos y por eso lo son con sus hermanos. Consideran que el fin justifica los medios. No se detienen a juzgar si lo que hacen es bueno o malo. Lo único que consideran malo es todo aquello que se oponga a sus propósitos y por eso ven en mi Iglesia un mal, ven en mi mensaje de salvación algo malo que se opone a sus planes. Ven en mis discípulos el mal y por eso los persiguen y los matan.
Si fuera por ellos su destino final sería la condenación eterna, aunque no lo ven así porque no creen en ella. Piensan que después de esta vida no hay más nada y por eso consideran que ninguna de sus acciones están sujetas a juicio alguno, fuera del propio juicio de ellos que hacen en relación si logran sus propósitos o no, si van en el camino correcto para lograrlos o no.
Fuera de este juicio, no consideran que deben someter sus acciones a ningún otro juicio. Por ello se molestan y persiguen a quienes los juzguen en relación a otros parámetros que no sean los establecidos por ellos mismos. Por ello, la única esperanza que tienen sin saberlo, es mi Divina Misericordia. Sólo ella puede mover sus mentes y corazones a un cambio de vida como ocurrió con el hijo pródigo.
Por esto es que el apostolado de mi Divina Misericordia es de vital importancia para lograr la conversión y salvación de los que se encuentran en el camino de la condenación. Nada más puede lograr la conversión de estas almas.
Todo intento de pretender que estas almas cambien de vida que no sea el llevarles mi Divina Misericordia está condenado al fracaso. Basta con observar como han terminado en fracaso todos los intentos de los hombres de buena voluntad en querer conseguir que estas almas opten por opciones diferentes a los propósitos y objetivos que persiguen ciegamente.
Y lo contrario se observa en aquellos que son alcanzados por mi Divina Misericordia. Sin poder explicarse vemos como de repente dejan de perseguir sus endemoniados objetivos y se alejan de ellos optando por formas de vida diferentes que los lleva al camino de la salvación.
He aquí que la única esperanza que tiene la humanidad es el apostolado de mi Divina Misericordia. Bienaventuradas las almas elegidas para llevar a cabo este apostolado y bienaventurados todos aquellos que les asistan, que los ayuden y faciliten que mi Divina Misericordia llegue a las almas más necesitadas de ella. Serán felices en este mundo al contemplar las conversiones de tantas almas fruto de este apostolado y serán felices en forma insospechada cuando se unan a las almas bienaventuradas en el cielo.