JUEVES 26 DE JULIO DE 2012

Cuantas veces he querido salvar a todos los seres humanos. Así como en Jerusalén me entristecí por el rechazo de mi pueblo, así me entristezco cuando soy rechazado por los seres humanos. Y más aún cuando se trata ya de la última oportunidad que les estoy ofreciendo.

Están ciegos con sus avances tecnológicos y avances en el conocimiento humano. La capacidad que han alcanzado de conocimiento debería haberles facilitado el conocerme y abrir sus corazones a mi Divina Misericordia, pero todo lo que han logrado no ha servido sino para cegarse en la soberbia de pretender que lo pueden todo y no necesitan de mi ayuda. 

Creen que han llegado a la cúspide del desarrollo y no se dan cuenta de qué han bajado hasta el fondo del abismo. No se han dado cuenta de qué han cavado más y más hondo en el abismo de la negación de mi existencia, que no es más que el abismo de la negación de su propia condición de criaturas mías. Niegan mi paternidad y se abrazan a todo aquello que los destruye ya en esta vida y posteriormente los llevará a la condenación eterna. Reconocerán mi paternidad cuando ya haya caído la noche del último día, y no habrá más día para amar a sus hermanos, y amarme a mi, que los amé toda la vida. 

Éste es el único tiempo que les queda para abrirse a mi Divina Misericordia y recibirla como gran consuelo. Después será tarde porque habrán cerrado ellos mismos las puertas del corazón de mi Divina Misericordia y la mantendrán cerrada por toda la eternidad. Me rechazarán eternamente aún conociendo que deben su existencia a mi Divina Misericordia. Por ella existen, por ella les he mantenido la vida, y por ella les he mantenido abierto mi corazón para que vuelvan a casa y sean felices eternamente. Cuanto he tardado en venir porque las amo inquebrantablemente. 

Como el Padre amoroso de la parábola del hijo pródigo, todos los días espero la vuelta de mis hijos que me han rechazado. Cada día espero que sean muchos los que vuelvan y por eso retardo mi venida. Pero ahora cada día retornan menos a pesar de qué cada día derramo más mi Divina Misericordia sobre todos los que me rechazan. Por eso el momento de mi segunda venida está cada vez más cerca. Los últimos en entrar lo harán por las oraciones y sacrificios de mis almas escogidas. Por ellas provocaré que los cimientos mismos de la tierra se muevan. 

La magnitud de los eventos será tal que muchas almas que me han venido negando abrirán sus corazones y su entendimiento. Al ver que no pueden hacer nada para detener los eventos. Al ver que los mismos no tienen explicación científica alguna y al comprender que el fin se avecina, acudirán a mi temerosos suplicando misericordia y la recibirán. 

Pero muchos se obstinarán aún más. Su soberbia no les dejará venir a mí ni por temor. Se negarán a darme lo que me corresponde como creador y preferirán hundirse en el abismo en lugar de darme la gloria y el honor que me corresponde. Preferirán la condenación eterna por considerar una humillación darme la gloria que me corresponde. Verán la destrucción de mi creación como un triunfo y considerarán el hundirse eternamente en el abismo una victoria.