LUNES 16 DE JULIO DE 2012
Muchos consideran que mi misericordia no es necesaria, qué los seres humanos tienen la capacidad de discernir lo que es bueno o malo para ellos, que por sí mismo ellos pueden tomar decisiones sin necesidad de ayuda alguna.
Más aún, la palabra misericordia les choca porque se sienten disminuidos por ella. Consideran que la misericordia rebaja la condición humana llevándola a un nivel de servidumbre. A estos la palabra misericordia les molesta y no hacen esfuerzo alguno ni por recibirla ni por dar a conocerla a sus hermanos.
Tristemente esta postura la toman muchos de mi propia casa. Ellos no la reciben y no dejan que los demás la reciban. Tienen endurecido sus corazones, por no decir que tienen callos en ellos. Son como los fariseos que encontré mi primera venida. La postura de unos y otros es idéntica. A estos se les hace sumamente difícil recibir mi misericordia porque consideran que no tienen necesidad de ella. No ven la necesidad de mi misericordia porque no se ven así mismos como pecadores.
Ellos rara vez se confiesan y si lo hacen es por apariencia y evitar el qué dirán qué les puede arruinar sus pretensiones de gobierno y prestigio. Ellos no consideran ni piensan en mi segunda venida, y menos aún pueden darse cuenta que la noche se les viene encima. Para ello sólo hay la presencia de ellos y ven a la religión como un medio que sirve a sus fines perversos y desviados de mi plan de salvación. A los Evangelios los ven como libros muertos que ya no tienen vigencia y darían todo por reemplazarlos por escritos de ellos qué estuvieran al día con la realidad de hoy.
Quiero que mis almas escogidas oren y se sacrifiquen en especial por ellos. Qué los amen con amor profundo y comprendan la desgracia en la que ya viven estas almas y como cavan para sí mismas su propia tumba de dolor y sufrimiento. Estas almas necesitan de mucha misericordia por el hecho mismo de qué la rechazan. Ellas son como grandes piedras que obstaculizan el río de mi misericordia e impiden qué les llegue a ellos y a sus hermanos. Por eso mi misericordia va actuar en ellos en forma especial.
Las oraciones y los sacrificios de mis almas escogidas lograrán el milagro de la conversión de muchas de ellas. Caerán de sus ojos las escamas de la soberbia que les impide apreciar mi misericordia. Verán con estupor la realidad de la situación en que se han metido y contemplarán la tumba que estaban cavando para ellos y lo que les esperaba en ella. Vendrán a mi atemorizados implorando el perdón y se beneficiarán de la misericordia divina que se había derramado en ellos. Dejarán de ser obstáculo para que mi misericordia no llegue a sus hermanos y se convertirán en apóstoles de mi misericordia. Será muchísimas las almas que se salvarán por la conversión de ellos ya que el torrente divino de mi misericordia las alcanzará a tiempo. Mis almas escogidas se llenarán de gran alegría y felicidad al contemplar el gran poder de mi Divina Misericordia.