MIERCOLES 11 DE JULIO DE 2012

A todas las almas que busquen mi misericordia la encontrarán. No habrá quien pida y no reciba. Los pecadores más empedernidos pueden acercarse a mí con toda confianza qué yo los recibiré. En mi corazón encontrarán la paz que tanto anhelan. En mi encontrarán consuelo y arrepentimiento. Yo las limpiaré y las curaré de todos sus males espirituales. Les trataré con especial cariño porque las amo inmensamente. 

Así lo manifesté en la parábola del hijo pródigo. Quiero que esta parábola se dé a conocer en todos los pueblos una vez más. Quiero que todos sepan que a mis hijos que se han alejado y han hecho de su vida un lastre que ya no soportan, que los estoy esperando en mi corazón misericordioso. En este tiempo más que en ningún otro los estoy esperando.

 Quiero que sus vidas sean de nuevo vidas de verdadera paz y alegría cómo en los mejores años de su niñez. Vengan a mi corazón misericordioso con confianza. No les voy a recriminar ni a tratar mal por lo que han hecho. Tan sólo quiero que conozcan el verdadero amor, qué conozcan la alegría con la que los recibiré. Lean la parábola del hijo pródigo y sabrán cómo los recibiré. 

Cuánto anhelo que comiencen a llegar a casa. Todos los días estoy esperando que lleguen y como quisiera ver en el camino a muchísimos pecadores retornando a casa qué tuviera que mandar a ensanchar cada vez más los caminos. Vengan, que están a tiempo. La puerta de mi corazón está abierta, pero vienen días en que se cerrará y ya no podrán entrar. Por eso quiero que ninguno se quede afuera, qué todos entren y estén conmigo para que cuando se manifieste mi justicia estén todos adentro y no tenga que juzgarlos. 

Venid, que los estoy esperando con mis brazos abiertos. Venid qué yo mismo los limpiaré y los vestiré con el traje de la gracia propio de mis hijos. Venid que en mi encontrarán lo que tanto han buscado y no han podido encontrar. Venid y comenzarán a disfrutar de la gran fiesta qué ha sido preparada desde el principio de la creación.