MIERCOLES 18 DE JULIO DE 2012
Muchas cosas inquietan a mis hijos. Sus mentes y corazones están expuestos a un bombardeo continuo de noticias, información, imágenes, música, películas, que hacen que sus corazones no tengan paz y que sus mentes estén aturdidas. No tienen tiempo para reflexionar. De una actividad pasan a la otra y a la otra y quedan extenuados y aturdidos al final del día para descansar y repetir el mismo ciclo al siguiente día.
Así se les van los días sin notar que se dirigen como locomotoras descarriadas a un gran precipicio, al mayor acontecimiento de sus vidas que es el día de su muerte. Ese día los sorprende sin preparación alguna. Para muchos es un acontecimiento inesperado que interrumpe violentamente el ciclo de sus días. Pobres almas que llegan a mí de improviso. No se lo esperaban. Llegan con sus manos vacías de buenas obras y sus corazones con un gran vacío de amor.
No tienen que ofrecer sino una cadena de días y días en que vivieron como autómatas repitiendo sus actividades que tan sólo le servían para ganar el dinero que le permitiría alimentarse para repetir el siguiente día. Qué triste el final de la vida de mis hijos que vivieron así. Que tristeza al encontrarse con las manos vacías.
Todos los días son multitudes de almas que se me presentan así. Despiertan cuando ya es tarde y se encuentran que ya no pueden hacer nada para llenar sus manos de buenas obras y sus corazones de amor. No fueron capaces de vivir a plenitud la vida poniendo al servicio de sus hermanos los talentos que tenian, sino que en forma absurda se alienaron y se convirtieron en eunucos de mente y corazón.
Su única esperanza mientras tienen vida son las oraciones y sacrificios que mis almas escogidas eleven por ellos, implorando mi misericordia para que logren romper el ciclo vicioso de vida que llevan y puedan dar frutos y alcanzar la vida eterna. De las oraciones y sacrificios de mis almas escogidas depende la salvación de estas almas que tan necesitadas están de mi Divina Misericordia.