SABADO 14 DE JULIO DE 2012

Hijos míos, con cuanta ternura hice la creación y quise que participaran de ella. Los cree con un amor misericordioso. Ya desde un principio mi amor por mis criaturas era tal que estaba dispuesto a perdonarlas cuantas veces fuera necesario. Sólo puede comprenderse este amor cuando se ve a mi hijo crucificado muriendo por la salvación de todos los seres humanos. Varón de dolores, lo soporto todo y se entregó pagando con su muerte en la cruz por la liberación y salvación de toda la humanidad. 

Ello debió haber sido suficiente para que todos los seres humanos volvieran a mí para siempre. Sin embargo, muchos en su soberbia se negaron y se están negando a hacerlo. En estos tiempos en que se acerca mi segunda venida son muchos los que se hacen sordos a mis llamados. Han querido proscribirme de todos los lugares. No sólo me rechazan a mí, sino que hacen todo lo que esté a su alcance para que los demás seres humanos me olviden. Quieren eliminar toda referencia a mi nombre y persiguen a los que osan ser fieles a mí. No por ello dejo de amarlos, sino que tengo más compasión y misericordia de ellos. 

Sí, sé que una buena parte de la actitud que ellos tienen para conmigo se debe al testimonio de muchos que se dicen ser cristianos, pero están lejos de serlo. En los países donde más personas han sido bautizadas el testimonio que han dado mis hijos y muchas almas predilectas es totalmente opuesto a mi mensaje de salvación. En estos países es donde más pobreza se ha dado cuándo ha debido ser todo lo contrario. En estos países es donde más abortos se han realizado cuando debería ser lo opuesto. En estos países es donde unos pocos llamados cristianos acumulan muchas riquezas al precio del sudor y de la opresión de muchos. En estos países es donde más se me ofende, donde menos se cumplen mis mandamientos. Por eso entiendo muy bien que haya quienes quieran proscribir mi nombre y toda referencia a lo llamado cristiano. Por eso es que quiero obrar una vez más mi salvación en aquellos que quieren de verdad abrazarse a mí y a vivir como desde un principio les señalé. Estas almas serán la luz del mundo y a través de ellas volveré a atraer a todos hacia mí. 

Hoy más que nunca mis discípulos tienen que ser coherentes y vivir el mensaje, la buena nueva que les he comunicado. Cuando un hijo o una hija mía se decide a ser coherente y dar testimonio verdadero de mí provocan que los demás se decidan a abandonar su vida de pecado y volver a mí. 

Éste ha sido un tiempo de purificación de mi Iglesia. He permitido muchas persecuciones y mucho dolor en ella porque sólo así puede ser purificada. Mi Iglesia se acomodó al mundo cuando debería ser lo contrario. Por ello permití que se le persiguiera en muchos países. El dolor y la persecución han hecho que mi Iglesia se aleje de su acomodo al mundo y vuelva sus pasos nuevamente a mí. Mi Iglesia, renovada en el dolor y la persecución ha dado a luz a nuevos hijos qué si son fieles a mí y a mi mensaje. Ellos son la esperanza de la humanidad. A través de ellos se llevará a cabo la tarea de una nueva evangelización qué preparará mi venida.