VIERNES 27 DE JULIO DE 2012
Hoy quiero que mis almas escogidas den a conocer a sus hermanos mi Divina Misericordia, que la propaguen por todos los medios posibles, que no escatimen tiempo ni esfuerzo en hacerlo. Todo lo que han hecho hasta ahora ha sido muy valioso y han sido muchos los que se han acogido a mi Divina Misericordia al conocer que la podían recibir. Por ello quiero que la devoción a mi Divina Misericordia se expanda aún más en todos los continentes. Quisiera que fuese conocida hasta en los pueblos más remotos de la tierra, ahí donde casi nadie llega a visitarlos.
Que no haya persona alguna en el mundo que no se entere de mi Divina Misericordia. Ella es la única esperanza que tienen los que se han alejado de mi. Ella es el caudal por la que llega mi gracia abundantemente a los más necesitados y por ella han sido muchos los que se han salvado y los que se salvarán antes de qué se realice mi segunda venida. Ella es la única fuerza capaz de abrir los corazones que se han cerrado a mi gracia. Ella penetra hasta el fondo del alma y es capaz de mover al arrepentimiento a muchos que tienen el corazón endurecido. Ella atraviesa la mente y los corazones y llega al propio centro del alma donde nadie más puede llegar. Ahí se da el encuentro de la persona con mi Divina Misericordia, la cual lo interpela y la llama a la conversión.
Mi Divina Misericordia no forza a nadie a recibirla. Ella tan sólo se manifiesta tal cual es. Muchos al conocerla se abrazan a ella agradecidos de su visita. Otros permanecen perplejos sin comprenderla, y sólo las oraciones y sacrificios de mis almas escogidas las llevan a abrirse y recibirla. Y no son pocos los que la conocen y la comprenden y la rechazan con violencia. Ellas, en su obstinación y soberbia consideran una humillación el recibirla. Su única esperanza son los acontecimientos previos a mi venida. Muchas de ellas vendrán a mí por temor y las recibiré. Y otras se obstinarán aún más y se condenarán. Estas almas verán en estos acontecimientos motivos para endurecer aún más sus corazones. Saben las consecuencias, y aún así prefieren rechazar mi Divina Misericordia.