MENSAJE
DE LA
DIVINA MISERICORDIA
DOMINGO 8 DE JULIO DE 2012
Esta es palabra de Dios, comunicada para los hombres de este siglo. Escasos son los días que quedan para mi manifestación gloriosa. Días de gracia y misericordia para los que se acogen a mí. Quiero en especial manifestarme como el Dios de misericordia antes de que llegue el día terrible en que me manifestaré como juez. Es ahora el tiempo en que mi corazón se abre y derrama sobre la humanidad gracia tras gracia y misericordia tras misericordia. Es ahora el tiempo de gracia en el que muestro especial atención a los que imploran misericordia para ellos y para sus hermanos. No hay petición que se me haga qué no sea atendida. A ninguno que implore mi misericordia lo rechazo. No hay petición por exigente que sea que no la atienda.
Escucho con predilección a los niños y a las personas que sufren. Ellos me conmueven y hacen que derrame gracias aún mayores de las que me piden. También tengo predilección por las almas atormentadas por las penurias y sufrimientos qué les trae la vida, ya sea en las enfermedades, persecuciones, u ocasionadas por robos, secuestros, y maltratos de sus hermanos. A ellos les abro mi corazón de forma especial. Los entiendo muy bien porque también yo sufrí como ellos y sé muy bien lo que sienten. Ellos arrancan de mi corazón gracias que otros no pueden arrancar. Ellos tienen un poder especial sobre mi porque yo vivo de nuevo en ellos mi pasión. Si supieran todo lo que pueden lograr de mí no tardarían en venir a suplicar misericordia para ellos y para sus hermanos, pero son pocos los qué lo hacen. Pocos conocen lo que pueden lograr de mí en este tiempo de misericordia. Sí, sé que la devoción a mi Divina Misericordia se ha extendido y son muchos los que rezan la coronilla pero aún ellos no conocen todo lo que pueden lograr de mí.
En este tiempo en que está por cerrarse la puerta de mi corazón estoy dispuesto a conceder gracias que nunca antes concedí. No quiero que nada que me sea implorado por el bien de mis hijos deje de realizarse antes de que llegue el día terrible de mi justicia. No quiero que alma alguna pierda la oportunidad de salvarse. Toda petición por la conversión y salvación de las almas la atenderé. El que me implore la gracia de la conversión y salvación de aún las almas más perversas lo escucharé y derramaré gracia sobre gracia en estas almas para que no se condenen.
Cuánto desea mi corazón el no tener que juzgar a nadie y tener que decirle: ¡Ir al fuego eterno! Quién medite en mi pasión y muerte lo comprenderá. Por ello quiero que se sepa que este es un tiempo muy especial para la humanidad. Mientras más violento se torne el mundo y más me rechacen lo seres humanos, más gracias concederé a quien me las pida y muy en especial si son peticiones de mis hijos más sufridos.
Quiero que se dé a conocer a todos los seres humanos la profundidad y extensión de mi Divina Misericordia. Quiero que sean muchos los que se salven y pocos los que se condenen. Por ello quiero que en especial mis hijos de toda raza y credo conozcan que mi corazón está abierto a sus peticiones de misericordia.
Quiero que todos lo sepan y que mis hijos más cercanos a mi corazón imploren misericordia por los que están más lejanos. Quiero que ello se dé a conocer por todos los medios que sea posible. Que no haya medios de comunicación en los que no se hable de ello. Se que muchos se resistirán a hacerlo, pero los eventos que ocurrirán los moverán a hacerlo.
Cuento en especial con mis hijos de la Divina Misericordia qué han respondido al mensaje que le di a mi hija sor Faustina. Ellos serán los que irán por delante llevando a sus hermanos en todos los rincones de la tierra este mensaje de mi corazón a la humanidad. Mi corazón late cada día más fuerte al ver que el tiempo se agota. Quiero salvar a todos mis hijos. No quiero que ninguno se condene. Tocad fuerte los corazones de los seres humanos y llevadle este mensaje de salvación. Insistid con fuerza que Yo les ayudaré a que el mensaje sea propagado en todos los pueblos. Declarad que este es un tiempo especial de gracia del Señor.